jueves, 28 de febrero de 2013
sábado, 9 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
martes, 5 de febrero de 2013
Senderismo
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Senderismo
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El
Senderismo. Recomendaciones
Según
la Real Academia
de la Lengua
(RAE), el senderismo es una actividad deportiva que consiste en recorrer
senderos campestres. A esta definición podríamos añadir que el senderismo es
mucho más, es percibir la naturaleza, descubrir lugares nuevos, superarse en
cada momento con el simple hecho de andar...
Pero
la práctica del senderismo no es sólo ponerse un calzado apropiado y “echarse
a andar por el monte”; requiere una preparación previa, tanto de
documentación de la zona a visitar, de sus valores, de la previsión
meteorológica, del grado de dificultad como del nivel físico que se posea.
Hay que empezar siempre a practicarlo poco a poco, teniendo conciencia de la
preparación que se tiene y sin prisas, pero también sin pausa, e ir
aumentando el recorrido y la dificultad.
También,
mientras practicamos esta actividad, entramos en contacto con el Medio
Ambiente, ante el cual siempre hay que mantener una actitud respetuosa y
reducir los impactos. Las siguientes recomendaciones son válidas para todas
las personas, tanto si van solas como en grupo, a la hora de salir a
practicar senderismo:
La
Licencia federativa
Muchas
personas que practican senderismo tienen la Licencia que les
asegura a la hora de practicar diversas actividades en la montaña, como es el
caso del senderismo. Las características básicas de la Licencia federativa son
las siguientes:
La Bu Bu para Sendeman
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Antes de andar
Caminar
es la forma más sencilla, económica y natural de practicar ejercicio. El
denominado walking americano (caminar, "en cristiano"), gana
adeptos como deporte por sus efectos beneficiosos para mantener la salud
general, reducir la presión arterial y mantener el peso corporal, con la
ventaja de que apenas presenta los riesgos de lesiones que conllevan otros
deportes.
1.
Antes de empezar
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Para mejorar tu salud, no te limites a pasear sin
objetivos. Consulta con tu médico y pídele una prueba de esfuerzo
antes de empezar.
Con los nuevos cuentakilómetros de última
generación, capaces de medir velocidad y distancia de una forma más precisa
que los cuentapasos tradicionales, caminar se ha convertido en un ejercicio
aeróbico mucho más controlado.
Una vez que consigas mantener una conversación mientras paseas, habrás llegado al punto en el que puedes mejorar notablemente, sin riesgos para tu corazón.
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Gana velocidad
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Si no tienes mucho tiempo, intenta aumentar la intensidad.
Para ello, debes aumentar la velocidad hasta 6-7 km/h o lo que es lo
mismo, recorrer entre 1,5-1,75 kilómetros cada 15 minutos. Este plan
también es muy efectivo para los que quieren empezar correr por primera vez o
para las mujeres embarazadas que no pueden correr rápido.
Gana
Resistencia
Si al contrario, dispones de tiempo, inviértelo en aumentar el fondo aeróbico. Tu entrenamiento consistirá en caminar tres kilómetros adicionales cada semana manteniendo un ritmo de 5 km/h. Una vez que llegues a caminar dos horas diarias o diez kilómetros por día, no hace falta que sigas aumentando los kilómetros, habrás conseguido los objetivos.
Cualquiera de estos dos métodos te garantiza un cuerpo
joven, sano y en forma y sin edad, marque lo que marque tu DNI.
De Bu Bu para Sendeman |
lunes, 4 de febrero de 2013
Siruela
OTOÑO EN SIRUELA SIN
COCHINILLO
Si escribiera los recuerdos,
diría que Cosme me sugirió hablar sobre las piedras del camino que hacen hitos
una sobre otra. O de los arbustos de nuestra rica vegetación mediterránea. O
acerca de cada uno de los que estuvimos allí aquel día………….
Tal vez el viento lleve lejos las
palabras o la brisa nos susurre silencios imborrables, momentos que transcurren
en los días tranquilos del otoño, cuando el sol calienta nuestra espalda y nos
empuja hacia el infinito.
Si el tiempo se detiene, siempre
nuestros ojos ven el mismo cielo y nuestro corazón siente la misma quietud.
Serenos al regreso que no al comienzo, recordando la lluvia caída, encharcando
de nuevo los campos.
Ha transcurrido una semana desde
que estuvimos aquí, en Siruela, pueblo de Badajoz cercano a Agudo. Pero hoy
somos unas 40 personas. Saludamos al señor del chalet que tan atentamente nos
dio la información de cómo acceder a la Celada por lo que siempre fue el Camino
a Garlito, pueblo próximo al que nos encontramos. Nos devuelve una sonrisa,
levantando la llana con la que se ayuda a levantar el muro de la vivienda.
Y comenzamos el ascenso. Mal
comienzo para una ruta que no estará exenta de aventuras. La mañana está limpia
y divisamos un bonito valle, conforme nos alejamos de Siruela. Tenemos que
subir a lo alto de la sierra para descender paralelos al Valle de los Castaños,
encaminándonos hacia La Celada, entre pendientes que suben y bajan como
toboganes.
Llegado a un punto en que nuestro
camino gira bruscamente hacia la izquierda, perdiéndose casi entre la maleza,
nosotros optamos por continuar atrochando, campo a través para salvar la
pendiente hasta Peña Gacha. Tras atravesar el olivar, las indicaciones del GPS
son correctas y las que nos dieron otro grupo de albañiles cuando entramos por
primera vez al pueblo tampoco se equivocan. Decir que en este pueblo extremeño
todos sus habitantes reforman personalmente sus moradas.
Ya nos habían advertido que el
camino se perdía y que casi había que andar a gatas. Y pensaréis que siempre
nos encontramos en la misma postura, que una y otra vez volvemos a la más
tierna infancia para adelantar los pasos.
Pues a gatas no vamos, pero un machete no hubiera estado de más para ir
cortando las ramas de los acebuches, que nos cortan a nosotros los brazos. O
para apartar el romero o la lavanda, el orégano que Gerardo recoge y que muy
bien explica Blanca su utilidad en pizzas y todo tipo de pasta. Ignacio,
nuestro socio más joven escucha atentamente. Se nota que él es de buen comer.
Los más avezados, como Cosme o
Manolo no se conforman con ver la gran variedad de arbustos. Recogen uno de los
frutos más preciados de la época: las setas, que como buenos micólogos
identifican rápidamente. Y nos sorprende una de color rojo muy llamativa. La
que siempre aparece en los cuentos y que ahí se queda porque nadie es capaz de
cogerla. Los madroños no están aún maduros.
Al llegar al punto más elevado
hacemos una pequeña parada. Hemos tenido que saltar también una alambrada
oxidada. Los brazos están marcados, nuestros cabellos despeinados y mezclados
con ramitas y pequeñas hojas. Hemos perdido parte de la mochila y los buitres
nos acechan en lo alto. Mientras mordemos la manzana seguimos el vuelo. Una,
dos, tres vueltas. Y se pierden. Magia. Misterios que no entendemos cómo
suceden.
Por eso el camino ahora es amplio
y a ambos lados respiramos el fresco olor de los pinos. Hay pequeñas pendientes
que nos llevan hasta la Celada y allí una nueva senda, también perdida y
oculta. Sabemos que el camino está abajo y nos preguntamos cómo Paqui ha podido
cambiar un cochinillo en Chillón por un bocata en la espesura de la sierra
extremeña.
Carlos nos acelera. Hay que
seguir un poco más antes de comer pues aún queda bastante ruta. Y al llegar a
un merendero, un grupo de locales nos advierte de lo lejos que queda Siruela.
Pues unos 14 o 15 km. Menos mal que son de por allí y se conocen bien la zona.
Hay un pequeño desconcierto, pues casi queda más de lo que hemos caminado. Vamos
a Garlito con uno de los comensales, llamamos al autobús para que nos recoja….
Vamos a Siruela aunque se lo último que hagamos, en esa tarde, claro. Dudas,
dudas y dudas.
Pero Paqui no se amilana y
acertadamente comunica que la ruta es la que hay y que por el momento no hay
cambio de planes, que ya hará otra de 5 km con cochinillo de comida.
Y antes de lo que pensamos
estamos nuevamente en Peña Gacha, escurriéndonos entre el lentisco y
sujetándonos en las ramas de las pequeñas encinas, intentando no dejarnos las
botas en los pedregales y tomándonos una cerveza en el bar del pueblo.
Y ahora que ya he escrito mis
recuerdos, espero que Carlos me haya perdonado y que Pasca no tenga que
esperarme nunca más.
De Belen para Sendeman
Torrenueva
Amanecía el
día, después de una noche de insomnio, me apetecía dormir, pero mi mente me
decía “eres la rutera, has de levantarte, ¡tienes que ir!”. Con lentitud
preparé todos los elementos para la
ruta: mochila, comida, agua, que no falte la gorra (es importante) y me dirigí
a la Plaza de San Francisco. Allí estaban todos, a las 8:30 en punto, faltaban
dos, pero vinieron dos, pero ahí estábamos, dispuestos a hacer la ruta a pesar
del calor que todos sabíamos que íbamos a pasar. El viaje ameno, somos 14, podemos
charlas, dormitar y escuchar, Gerardo contando historias de los pueblos por los
que pasábamos, Manolo de las plantas y así llegamos a Torrenueva, nos dirigimos
al punto de salida, que a pesar del tiempo transcurrido desde que la visitamos,
gracias a los apuntes de Chelo y Encarna (yo solo conducía), encontramos sin
dificultad.
Empezamos
el andar, camino llano, seco, como es La Mancha, después, una larga subida que
nos dejó a todos con el resuello por los suelos, llegamos a la cumbre,
respiramos, vemos el paisaje al fondo y seguimos, como no, las rutas es un
seguir y seguir andando para llegar al final. No era como el poema de Machado,
porque aquí sí que hay camino, se hace entretenido, al ser pocos es posible
escuchar, explicar, hablar. Bajamos el cerro y un pequeño error, debido
precisamente a la charla, nos hace desviarnos hacia Las Virtudes en vez de
seguir el camino hacia Valdepeñas, rectificamos, a veces hay que volver atrás
para por continuar.
Sigue
el calor avanzando, una ligera brisa nos va acompañando y hace más cómodo el
andar, vamos buscando la sombra, hay poca, pero se agradece, seguimos por esta
llanura manchega que tanto nos gusta contemplar cuando vamos en el coche con
nuestro aire acondicionado, pero que andando y con calor se hace eterna. Hay
ratos que el sol se tapa, ¡ánimo que vamos lento!, ¡tenemos que avanzar antes
de que haga más calor!, pero los pies pesan, el agua fresca gracias a Concha
que tuvo la previsión de llevarla congelada, pasa por mi garganta seca como el
paisaje, y a seguir, siempre seguir.
En
una parada, en la sombra invidentemente, llega la pregunta clave: ¿comemos en
el campo, sobre la marcha o en el bar con una cerveza fresquita?, impera el
sentido senderista, buscamos una gran sombra para cobijarnos del sol que a esa
hora plomizo, y a comer, descansar e intentar refrescarnos. Sigo con el agua de
Concha todavía con hielo, la botella de
Tomás con más hielo, como siempre preguntas a Manolo sobre los árboles y
plantas, Gerardo ve un escorpión enrollado y pidiendo con urgencia la cámara de
foto lo vamos mirando, no se puede fotografiar, está enrollado y metido en su
agujero, lo tapamos con una piedra y a seguir caminando, quedan 2 km., la gente
se anima y continuamos.
Por
fin, la mirada se dirige hacia la carretera y al fondo el autobús de Bravo, ese
autobús que siempre y en cada ruta nos acompaña, respiramos, estiramos un poco
y a 10 km., esta vez en autobús, nos vamos a una terracita en Torrenueva donde
nos esperaba como no, la ansiada cerveza helada y otras bebidas en las mismas
condiciones, sombra, y sillas para descansar un poco.
Ha
sido un bonito día a pesar del calor, algunas quemaduras y como no, estas
malditas ampollas, que el calor y la falta de práctica, han hecho su aparición
en mis plantas.
De Francisca Saucedo para Sendeman
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