Calcetines
Los
calcetines constituyen una de las partes más importantes del equipo del
caminante, ya que de su buen uso puede depender el éxito de la empresa.
Tradicionalmente se han usado los calcetines de algodón en verano y los de lana
en invierno. Los de algodón son frescos y empapan muy bien el sudor, pero
tienen el inconveniente de que tardan mucho en secarse, por lo que retienen la
humedad y eso, además de macerar la piel, hace que se formen arrugas en el
calcetín que pueden ocasionar roces, ampollas y heridas. Actualmente es posible
encontrar en el mercado calcetines realizados con nuevos tejidos como el
CoolMax, que es un material lavable y de secado rápido, que provoca la
expulsión al exterior de la humedad producida por la transpiración, además de
prevenir el recalentamiento.
Deben
ser de la talla adecuada con el fin de que se ajusten perfectamente a los
relieves del pie; para ello suelen llevar Lycra y/o Elastan con el objetivo de
que no sufran deformidades que formen arrugas.
Los
calcetines siempre limpios, secos y bien colocados, para evitar rozaduras. Lo
mejor sería disponer de unos calcetines gruesos de algodón para caminar, y de
otro par de calcetines finos de algodón para el descanso (una vez terminada la
etapa). Si nuestra piel es muy sensible, es preferible llevar siempre las
costuras de los calcetines hacia fuera. El que llevemos puestos uno o dos
calcetines depende de lo habituados que estemos a las largas caminatas; si no
estamos acostumbrados y la piel en la planta del pie no es lo suficientemente
resistente, será mejor que llevemos un par de calcetines en el mismo pie,
teniendo en cuenta que en estos casos son las arrugas entre los dos calcetines
las que producen las ampollas.
De
todos es conocido el dicho "más vale prevenir que curar". No sería la primera vez que se estropea una salida al campo por culpa de las ampollas. Una vez que aparecen se hace todo muy incómodo y doloroso así que lo
mejor es tratar de que no aparezcan.
En
primer lugar lo más importante es llevar un calzado adecuado y cómodo, pero aún así, después de algunas horas pueden aparecer ampollas debido
al roce del pie con las botas.
El
caso es que hace algún tiempo aprendí que el esparadrapo de tela previene que aparezcan de manera casi milagrosa. Al cabo de una o dos horas de comenzar la jornada (a veces algo más) es posible que se note que alguna parte del pie se enrojezca, dando lugar a una sensación
difuminada entre calor y ligero escozor en una zona muy localizada. Es el momento de descalzarse, limpiar dicha zona y colocar ahí un trocito de esparadrapo de tela. El esparadrapo hará de "segunda piel" absorbiendo la rozadura, evitando la aparición de la ampolla y se notará
un alivio instantáneo.
difuminada entre calor y ligero escozor en una zona muy localizada. Es el momento de descalzarse, limpiar dicha zona y colocar ahí un trocito de esparadrapo de tela. El esparadrapo hará de "segunda piel" absorbiendo la rozadura, evitando la aparición de la ampolla y se notará
un alivio instantáneo.
Puede
ser que se necesite en varios sitios distintos, en cuyo caso conviene hacer tantos cortes de esparadrapo como zonas afectadas en lugar de "envolver" como si fuera para regalo. Por ejemplo, no se
debe tener una tira que abarque dos dedos a la vez.
De
Bubu para Sendeman
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